En México se ha acentuado de sobremanera
la responsabilidad de la obesidad a tan solo unos cuantos espacios. Muy de moda
hoy en día, culpar del fenómeno de la obesidad infantil en exclusiva a la comida "chatarra" de venta en las
escuelas. Es imposible no cuestionarse si las seis horas -en promedio- que
pasan los niños en la escuela, con un acceso a alimentos abierto a dos
ocurrencias (receso y salida), son suficientes para justificar la epidemia de
obesidad que azota a nuestra población infantil.
Constantemente
nos encontramos con nueva evidencia de que son los cuidados parentales, es
decir, la educación que reciben en casa, la determinante en los hábitos
nutricionales que los niños despliegan en diferentes contextos. Las
peculiaridades sociales de nuestra nación han modificado la forma de vida
tradicional a la que muchos seguimos apegados en nuestra imaginación. El tomar
las tres comidas en casa es ahora un privilegio exclusivo de clases altas,
donde el sostén del hogar cae a responsabilidad de un solo individuo de la
familia. Lamentablemente, en la gran mayoría de las familias mexicanas se
sobrevive con al menos dos sueldos. Así, la alimentación ha sido relegada a la
satisfacción de una urgencia, y no es más el evento familiar -y el oficio
artesanal- que tanto caracterizó al México de antaño.
Dentro de las variables bajo las cuales los
diversos trastornos alimentarios que llevan a la obesidad están en función,
debemos identificar aquellas que se encuentran bajo nuestro control. Una de
esas variables (y quizás la principal) es la educación en casa, ejercida común
-más no necesariamente- por los padres.
Aquí debemos hacer una distinción:
"Educar" no es igual a "informar".Informar de los métodos
anticonceptivos, por ejemplo, ha demostrado tener poca o ninguna influencia
sobre la conducta final (el coito). Quienes terminan con embarazos no
deseados, pueden fácilmente recitarte los métodos existentes y hasta
darte cátedra de técnicas y alternativas. Sin embargo, estas mismas siguen embarazándose
y contrayendo enfermedades de transmisión sexual... ¿Por qué?
En nuestro tema en particular, la
información sobre las propiedades nutricionales de una manzana, en oposición a
las malignidades de los productos de la cadena bimbo, puede no tener ninguna
influencia (control) sobre la conducta de ir a una tienda y comprar unas donas
glaseadas como un tentempié. Esta última conducta responde más bien a variables
otras que las de estar "informado". Bien puede responder a la
urgencia inmediata, que a su vez se deriva de qué comiste antes y que hay
disponible en tu ambiente más próximo, o hasta inclusive a qué es lo que está
comiendo el compañero.
En la tiendita de la escuela tan solo
proponen, más no controlan el mercado; responden a lo que el cliente pide, solicita
y demanda. Si los niños han adquirido el hábito y el gusto por su dona
matutina, es lo que buscarán al salir al recreo. Si en casa desayunaron un
cereal de caja repleto de azúcar, más leche con más azúcar aun, no es de
sorprender su voracidad por lo extremadamente dulce y que, inclusive, se
sientan mareados, fatigados o hasta débiles si no reciben su dosis cada dos o
tres horas.
De
esta manera ejemplifico la necesidad de aceptar la responsabilidad de educar a
nuestros infantes desde el hogar. Esto nos solicita aprender y a aprender a
enseñar.
En
las siguientes entradas iremos hablando un poco más sobre cómo es posible
incidir en la conducta de nuestros vástagos y nosotros mismos, en ésta,
nutricional. y muchas otras materias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario