domingo, 15 de julio de 2012

¿Vigorexia, Ortorexia?

Estos conceptos se encuentran últimamente en boca de muchos, aunque pocos saben de qué están hablando realmente. Veámoslo someramente...

El término "vigorexia" fue acuñado por el Dr Harrison J. Pope, psiquiatra del hospital McLean en Boston (Estados Unidos), considerado en un principio como la versión inversa a la anorexia; palabra compuesta de la raíz "exia", apetito y el prefijo "ano", que en conjunto se entiende como "sin apetencia" (Dicho concepto solo aplica a la anorexia como síntoma en otras patologías, ya que hay distinguirlo de la "anorexia nerviosa", donde el apetito no se encuentra suprimido, simplemente no se ingieren alimentos). 

Vigorexia es, conceptualmente, una aberración. Producto de la ignorancia  o desdén a la etimología, tan común en los ávidos categorizadores de los trastornos conductuales que abundan en los Estados Unidos. Afortunadamente no es "oficial", aunque ya veremos en el 2013 qué nos dice el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales). 

Pero no lo dejemos tan solo en el plano de lo conceptual... La vigorexia se supone una derivación o subtipo de un trastorno dismórfico. Esto quiere decir que el sujeto da un reporte de su propia apariencia que no corresponde con la realidad. En este caso específico, se ve más delgado y menos muscular de como está y se obsesiona con el entrenamiento para obtener mayor volumen, definición, vascularidad, etc

Es difícil distinguir en el común de entre quién sufre de vigorexia y quién es un culturista (aún amateur). Esto ha dado bochornosos casos de sobre-categorización, dado que el entrenamiento con pesas que realiza un culturista requiere, en efecto, grandes sacrificios en tiempo y esfuerzo, no tan solo en el gimnasio, sino fuera de él. Es vaya, un estilo de vida.

Por ello, fuera de modas, como sucedió con el embarazoso caso de la barrabazada de "metrosexual", clasificar personas, por conductas, confiere sus riesgos. Riesgos de caer en sobre generalizaciones, injusticias o simplemente hacer el ridículo pretendiendo que un nombre, una etiqueta, entraña un entendimiento profundo de un fenómeno.

Ahora, habrá quién se pregunte sobre la ortorexia... Bueno, su explicación es algo ambigua, pero incurre en los mismos delitos conceptuales de la vigoréxia. En pocas palabras, el sujeto muy quisquilloso con su alimentación es un ortoréxico. El término parece no discernir entre quienes tienen una obsesión disfuncional de quienes aprenden a ser particularmente observadores (weight watchers, pacientes bariátricos o estudiantes de nutrición, por ejemplo).

En fin, monadas del espíritu de los tiempos...

Un saludo.



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