Ahora que nos encontramos en una etapa de Año Nuevo, en la cual muchas personas deciden mejorar su vida con cambios radicales, uno de los objetivos más comunes es la pérdida de peso o la obtención de aquel físico ideal y soñado. Muchas veces estos buenos propósitos no llevan a ningún lado o se ciernen a esfuerzos de tan corta duración que no alcanzan a surtir los efectos anhelados.
Concerniente a la pérdida de peso, rondan muchos mitos e ideas comunes de cómo ha de lograrse o llevarse a cabo que, en sí mismas, condenan a un fracaso y la consecuente sensación de indefención y refuerzo de la noción de que estos cambios no son posibles para nosotros. Pensando en estas, veamos algunos de los más comunes:
1. Las dietas son temporales
El mismo término de "dieta" se ha confundido con el concepto de un régimen donde comes radicalmente distinto (cantidad y calidad de los alimentos) a como comemos habitualmente. Realmente todos nos mantenemos bajo una dieta u otra. Nuestra Dieta son los hábitos alimenticios que manifestamos y que se mantienen más o menos estables por largos periodos de tiempo durante nuestra vidas. Cuando requerimos, por cuestiones de Salud o Estética, modificar nuestros hábitos para obtener una pérdida de peso, necesitamos hacerlo bajo la noción de que estas nuevas conductas deberán establecerse para perdurar al largo plazo, pues el retorno a los viejos sistemas conllevan inexorablemente a la circunstancia anterior. Así, debemos encontrar nuevas formas de alimentarnos que se relacionen con nuestros hábitos ya existentes y que puedan seguirse de por vida sin significar sacrificios ni imposiciones que solo podramos mantener por lapsos de tiempo muy breves. En conclusión: no hay que "estar a dieta", sino hay que aprender a alimentarnos de manera sustentable e integrada a nuestros estilos de vida y preferencias individuales.
2. Mientras más peso pierdas más rápidamente mejor
Muchas personas se someten a verdaderos suplicios cuando intentan perder peso. Siguen el ideal de que pérdidas masivas de peso en corto tiempo es la mejor estrategia. Sacrificarse por un par de semanas y luego volver a las viejas andanzas y auto-complacencias alimenticias. Esta estrategia es una de las más costosas en cuanto que son del tipo que suelen generar los ya famosos y temidos "efectos yoyo". Hay que comprender que, aunque es posible perder grandes cantidades de peso en corto tiempo, la gran mayoría de éste será realmente agua y -en el peor de los casos- tejido muscular. Otro peligro inherente es que generamos un aprendizaje de "terror" sobre la alimentación, ya que durante estos breves periodos nos obligamos a comer bajo condiciones precarias: poco alimento e insípido; lo cual es insostenible a un largo plazo. Cuando nuestra ingesta calórica se encuentra muy por debajo de las que requerimos, nuestro organismo entra en un estado de alerta por hambruna que desencadena una cascada de cambios hormonales que nos vuelve más receptivos a la captación de nutrientes a almacén (el almacén energético por excelencia son en forma de grasa) cuando la alimentación regresa a sus cantidades habituales. Esto quiere decir que si nos mantenemos en un régimen donde perdemos grandes cantidades de peso por infra-alimentación, al volver a nuestra alimentación habitual captaremos peso con mayor facilidad. Si acaso hemos caído en un régimen extremo y perdemos masa muscular, nuestra capacidad para metabolizar las grasas como energía disminuyen (lo que comunmente se conoce como un metabolismo re-alentizado) por lo que con menos alimento que antes del régimen, subiremos de peso facilmente. ¿Cuál es la solución? Siendo totalmente realistas, sabemos (desde el campo de la Nutrición) que en las primeras semanas de un nuevo plan alimenticio hay una mayor pérdida de peso (esto es especialmente cierto si comienzas con un sobrepeso considerable, y es menor en personas ya delgadas) que al poco tiempo se estabiliza en aproximadamente de uno a medio kilogramo a la semana. Esta es la considerada pérdida saludable, pues podemos inferir que se trata de tejido graso y no de músculo o simple agua.
3. Lograste tu peso meta ¡se acabo la dieta!
Como se puede inferir ya de lo escrito en los párrafos anteriores, un plan alimenticio es bueno en cuanto seas capaz de adaptarte a él de por vida. El bajar el peso programado para inmediatamente después comenzar una sobre-alimentación es echar por tierra todos los esfuerzos anteriores. Por ello es importante dar con un programa de alimentación que se encuentre adaptado a nuestras necesidades personales, que tenga la menor sensación posible de artificio. Mientras más flexible sea la dieta, mayores posibilidad de adherencia a ésta existen, y por ende es más probable que tengas éxito en conseguir un peso ideal y adecuado que puedas mantener por siempre.
Aquí se resumieron algunos de los No No, pero ¿cuáles son los sí? Revisémoslo en las próximas actualizaciones...
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